EL CAPTOR DEL CHE GUEVARA

Marzo 16, 2009 at 6:39 pm (politica) (, , , , )

EN BOLIVIA
Entrevista con el hombre que atrapó al Che Guevara

El general Gary Prado nació el 15 de noviembre de 1938 en Bolivia, se inició en la carrera militar y cuando contaba con 28 años y ostentaba el grado de capitán (Comandante de la Compañía B del Regimiento de Asalto “Manchego”) dirigió una operación en el sur de la selva boliviana que lo hizo pasar a la historia.
Corría el mes de octubre de 1967. El guerrillero Ernesto Guevara, junto a otros insurgentes cubanos y algunos refuerzos locales se habían internado en la selva boliviana desde hacía casi un año. Guevara y los suyos, en ese lapso, ya habían asesinado a medio centenar de personas y el objetivo era efectuar un golpe de Estado contra el presidente constitucional, René Barrientos. El entonces capitán Prado fue quien comandó la captura del iconográfico guerrillero argentino.
Actualmente, el general Prado cuenta con 71 años, vive en Santa Cruz de la Sierra, en las tierras bajas del oriente boliviano y nos concedió el siguiente reportaje, en el que rememora su plan para capturar al Che. Sostiene que el delator de la presencia de Guevara en Bolivia fue el intelectual francés Regis Debray y que, además, Fidel Castro abandonó al Che a su suerte dejándolo aislado y cortándole toda comunicación y contactos.
Prado considera a Guevara un hombre violento que en el caso de Bolivia preparó un plan insurreccional totalmente desacertado. Afirma, también, que la imagen actual que masivamente se ofrece respecto de la persona del Che no se corresponde en lo absoluto con la realidad.

–¿En que circunstancias capturó al Che Guevara?
–A raíz de informaciones proporcionadas por un campesino que nos hizo saber en la madrugada del 8 de octubre que durante la noche habían pasado por su sembradío de papa un grupo de hombres armados, subiendo la quebrada. Con esa información, reuní unos 70 hombres y descendí del Abra del Picacho hasta las quebradas.
–¿Desde cuándo tenían información de que el Che estaba en Bolivia?
–La confirmación de la presencia del Che se obtuvo con las declaraciones de Regis Debray al momento de su captura, cuando quiso encubrir su participación haciéndose pasar por periodista, pues dijo que había venido a Bolivia a hacerle una entrevista, cosa que había realizado en el campamento. Esa noticia fue mantenida en reserva hasta el mes de junio, cuando el abogado defensor de Debray la hizo pública como argumento de defensa en el juicio que se instauró en Camiri.
–¿Cuánto tiempo pasó Ud. Junto al Che tras la captura?
–Alrededor de 20 horas, desde la 13.15 del día 8, cuando lo capturamos hasta que dejé La Higuera a las 8 de la mañana del 9, para continuar el registro del área en busca de los guerrilleros faltantes.
–¿De qué hablaron? ¿Cómo era su ánimo? ¿Qué impresión personal le causó el Che?
–Esos diálogos están reconstruidos fielmente en mi libro publicado en varios países. Existe una edición argentina con el título de “Che: traición y muerte”, de la editora DISTAL, del año 2008 a la que puede referirse.

Si bien Prado nos remite a su libro, en otras declaraciones efectuadas con anterioridad, Prado afirmó “tengo dos percepciones del Che. La primera fue el momento de la captura, de un hombre derrotado, como él mismo lo admitía, que decía `esto se ha terminado’. Un hombre prácticamente en el límite de sus fuerzas. Después, ya más descansado, alimentado, un poco más activo, mirando, buscando, queriendo saber cuál iba a ser su futuro. Son las dos imágenes que tengo, que son diferentes. El Che que yo conocí no es el Che del mito y de la leyenda. Era un hombre que daba pena. Daba pena verlo. No inspiraba ni admiración ni respeto. Era un hombre capturado, derrotado. Esa es la realidad”. (1)

–¿Qué opina de la imagen mundial que hoy se ha construido del Che en cuanto “héroe romántico”?
–Es parte del gran esfuerzo mediático que hizo Cuba para compensar la derrota sufrida por el castrismo a manos del Ejército mas débil y pequeño de Sudamérica. Con un enorme costo publicitario se ha creado una imagen que nada tiene que ver con el Che real.
–¿Vio la película de Benicio del Toro? (la segunda parte del filme es dedicada a Bolivia), ¿su enfoque se corresponde con la realidad que Ud. vivió y protagonizó?
–No, aquí solo llegó la primera parte. Sigue siendo parte del mito hacer este tipo de películas, pero aparentemente, pese al esfuerzo, la película no ha logrado el efecto que esperaban sus productores y quienes están detrás de esto.
–¿Ud. estuvo de acuerdo con el fusilamiento de Guevara? Si no lo estuvo, ¿Cuál cree que debió haber sido la actitud correcta?
–Es difícil este tema pues una cosa es la perspectiva de los ‘60 sobre las acciones de guerrilla y otra es la actual, con toda la vigencia de democracia y derechos humanos. En Cuba había fusilamientos masivos, aquí solo hubo dos. Tal vez no fue la mejor solución pero los argumentos de los conductores de la época, que están en el libro, explican sus puntos de vista.
–Más allá de que como militar obedecía órdenes, ¿obró convencido de lo que hacía al capturarlo?
–Por supuesto, estábamos combatiendo contra una agresión extranjera a nuestro territorio, una invasión armada que pretendía imponernos un modelo que la mayoría rechazábamos. Hasta el PC (Partido Comunista) de Bolivia se opuso a la guerrilla foránea.
¿Por qué el Che no logró simpatía entre los campesinos boliviano?
–Por su absoluto desconocimiento de la idiosincrasia boliviana, de nuestra historia y de las diferencias regionales existentes. La Revolución del ‘52 ya había realizado una profunda reforma agraria, de manera que no había problema de tierras. En el oriente, lo que faltaba era gente.
¿La zona escogida por el Che para montar su guerrilla era propicia para un fin insurreccional?
–De ninguna manera, era una zona poco poblada, sin centros vitales que amenazar, de fácil aislamiento y con pocas vías de comunicación. Tal era el desconocimiento, que el Che asistía a clases de quechua con sus guerrilleros, cuando las habitantes de la zona hablan guaraní.
¿La estructura guerrillera del Che era importante como para dar un golpe duro en Bolivia?
–Era insuficiente y sumamente precaria. En su mayor momento los guerrilleros llegaron a 52 componentes, de los que luego varios desertaron. No tenían, fuera de los cubanos, la menor preparación militar y su motivación era limitada.
–¿Qué apreciación tiene Ud. en cuanto a que Fidel Castro lo abandonó a Guevara en Bolivia?
–Es evidente que el Che fue abandonado una vez que llegó a Bolivia. El enlace cubano que tenían en La Paz desapareció y dejó a la red urbana sin contactos, la guerrilla en el monte no tenía contacto con nadie y nunca llegaron ni refuerzos ni medios. Con esto, Castro se libró de un personaje que ya se había tornado incómodo para él, tal como lo atestiguan los propios sobrevivientes cubanos de esta aventura.
–¿Qué opinión tiene Ud., a la distancia, del Che?
–Un hombre violento, dispuesto a todo para obtener sus fines.
–¿Qué opina de la reivindicación que el presidente Evo Morales hace de Guevara?
–El presidente Morales nunca ha sabido ni leído lo que dice el Che. El simplemente usa la figura mítica. No tiene mayor trascendencia, aunque no deja de irritar a quienes combatimos esa invasión y mella la memoria de los que murieron defendiendo la Patria.

(1) www.BBC.mundo.com (14 abril, 2004)

Nicolás Márquez, autor de esta nota, es abogado, periodista y escritor.

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¿Qué somos, bolivarianos o sanmartinianos?

Octubre 18, 2008 at 8:22 am (internacional, politica) (, , , , )

Un texto para los amigos de Bolivia.

Cuando Simón Bolívar y José de San Martín se reunieron en Guayaquil en 1822, no se sentaron frente a frente sólo dos generales victoriosos unidos por el mismo ideal de la independencia americana, sino también los portadores de dos concepciones opuestas del poder.
Bolívar y San Martín fueron dos personalidades tan extraordinarias que Plutarco (46-119) no habría vacilado en incluirlos en sus famosas Vidas paralelas . Cuando América se emancipó, el nuevo continente tuvo que llenar el vacío de poder que le dejaba el tumultuoso alejamiento de sus tutores europeos. Para remediar esta carencia, surgieron dos modelos políticos. Uno personalista, el de Bolívar. Otro institucional, el de San Martín.
Como acaba de hacerlo notar Natalio Botana en “La semana internacional” del último domingo, Bolívar aspiraba a lo que se dio en llamar la presidencia perpetua . Luego del retiro de San Martín en Guayaquil, el gran venezolano pudo ejercer la presidencia simultánea de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Una presidencia que era, en su intención, “perpetua”. El proyecto “bolivariano” finalmente fracasó, pero su diseño apuntaba a reemplazar el mando de una persona, el rey español, por el de otra persona, el caudillo latinoamericano que aspiraba a ser Bolívar, de modo tal que el vacío de poder generado por el alejamiento de un mando unipersonal situado en Europa fuera cubierto por un nuevo mando unipersonal de origen criollo, cambiando de este modo la titularidad pero no la sustancia del poder.
Botana incluye esta cita de Bolívar, que avaló su proyecto con las siguientes palabras: “El presidente de la República viene a ser en nuestra Constitución como el sol que, firme en su centro, da vida al Universo”. Si bien el libertador venezolano confesaba su fe republicana, el hecho es que quiso demorar la creación de una auténtica república en América latina.
Bolívar pretendió sustituir el personalismo monárquico español por un nuevo personalismo sólo aparentemente republicano. Por eso nuestro Alberdi, al advertir que la independencia “externa” de España podría no equivaler a la libertad “interna” de los latinoamericanos, se preguntó angustiado: “Ahora que nos hemos liberado de España, ¿quién nos libertará de nuestros libertadores?”
El renunciamiento
Hay dos maneras de fundar un régimen político. Una es prolongar sin plazos el poder del que ha liberado al país de su antigua dependencia. Este fue el método de Bolívar. La otra es abrir el juego del poder a nuevos actores para que, entre todos, habiliten la “libertad interna” de los ciudadanos. Este fue el método de San Martín. Un método que, en vez de exaltar al libertador de la antigua dependencia, lo llevó en dirección del renunciamiento .
Este es el método que no inaugura la pasajera exaltación de un hombre, sino la larga vigencia de un sistema. Es que los fundadores de un sistema sólo lo son cuando se van . Tenemos altos ejemplos de ello en América. George Washington, el primer presidente de la democracia norteamericana, sólo la fundó de verdad cuando, después de haber ejercido el poder por dos períodos sucesivos de cuatro años, entre 1789 y 1797, decidió irse a su granja como el héroe romano Cincinato. Fue a partir de ahí que los Estados Unidos iniciaron su larga travesía republicana, que lleva más de dos siglos de ininterrumpida vigencia.
Pero el ejemplo de Washington no ha sido el único en América. En 1994, después de haber ejercido por cuatro años la presidencia de Chile tras la dictadura de Pinochet, Patricio Aylwin resistió a pie firme las presiones que lo incitaban a promover el cambio de la Constitución para ser reelecto. La república estable que es hoy Chile nació en ese momento de renunciamiento, porque, desde su gran ejemplo inaugural, ninguno de los sucesores de Aylwin ha pretendido la reelección inmediata. El Chile de hoy es una auténtica república porque no prevaleció en sus inicios ningún “bolivariano”.
Pero no habría que irse demasiado lejos de nuestras playas para encontrar otros presidentes “sanmartinianos”. La fórmula del renunciamiento no pudo aplicarse entre nosotros en vida del Libertador porque la “dictadura perpetua” de Rosas duró de 1829 a 1852. No bien aprobada la Constitución de Alberdi que todavía nos rige, empero, Urquiza, el primer presidente constitucional, no buscó ser reelecto. Después vino la serie de los grandes presidentes, de los Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca, ninguno de los cuales aspiró a ser reelecto de inmediato y sólo uno de los cuales, Roca, fue reelecto después de dos períodos de seis años, en cuyo transcurso otro presidente de la talla de Pellegrini pudo gobernarnos. La Argentina del impar crecimiento económico de fines del siglo XIX y de principios del siglo XX, en suma, no fue bolivariana sino sanmartiniana.
¿Bolívar vuelve?
¿La Argentina de hoy sigue siendo sanmartiniana? Es lícito dudarlo. El proyecto de elegir a uno de los Kirchner en lugar del otro en octubre, ¿no se parece más en cambio a la pretensión de fundar una “copresidencia perpetua”, de signo bolivariano?
¿A qué se debe en todo caso el eclipse de nuestra tradición sanmartiniana? Podrían encontrarse dos causas de esta regresión institucional. Una, la hostilidad de piel de los Kirchner contra las Fuerzas Armadas, que implica retirar de escena no sólo al más grande de los generales de nuestra historia, sino también a ese héroe contemporáneo que es el capitán Tarapow del Irízar. La otra, la influencia confesadamente bolivariana del dictador venezolano, Hugo Chávez, que mañana volverá a visitarnos con sus manos repletas.
Cuando Chávez se confiesa bolivariano, quiere hacer dos cosas. Una, homenajear con justicia a uno de los dos grandes libertadores latinoamericanos. La otra, replicar el modelo bolivariano de la “presidencia perpetua”. La ambición del poder ilimitado que tiene en Chávez su máxima expresión en nuestra América viene a coincidir por otra parte con nuestra historia reciente porque, de Perón en adelante, la idea de la presidencia perpetua se expandió entre nosotros.
A poco de ser elegido presidente en 1946, en efecto, Perón promovió con éxito una reforma constitucional que incluía la reelección indefinida del presidente. Su ejemplo fue seguido después por dos gobiernos militares que, con diversos métodos, pretendieron un poder sin plazos: el de Onganía en 1966 y el de Videla en 1976. Pero la Constitución de 1853 volvió con la democracia en 1983 hasta que Menem quiso y obtuvo, con el respaldo de Alfonsín, el regreso de las reelecciones inmediatas.
Cuando Chávez impuso de nuevo la meta de la presidencia perpetua, pues, encontró una Argentina políticamente predispuesta. Una Argentina, más que sanmartiniana, bolivariana. Y en cuanto a los Kirchner, ¿quién se animaría a adscribirles una vocación sanmartiniana? En Cuba y en Venezuela, en Ecuador y Bolivia, y también entre nosotros, se expande hoy entre los latinoamericanos el personalismo autoritario que heredamos de España y que nuestra madre patria ha abandonado, sin embargo, desde la muerte de Franco en 1975 para convertirse, seguida por naciones como Chile, México, Brasil y Uruguay, en una de las democracias exitosas de nuestro tiempo.
Por Mariano Grondona

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