Yo, Argentino
por Virginia Tuckey
El instinto de supervivencia de los argentinos es muy curioso. Ante las recurrentes crisis que nos ahogan económica y socialmente, reaccionamos de manera pasiva, imaginándonos que es el precio que hay que pagar para alcanzar la prosperidad, pero nunca nos imaginamos que es el precio que estamos pagando por no buscar la misma.
El entendimiento generalizado acerca de la manera eficaz de hacer política supone que la misma se trata de tretas ‘ingeniosas’ llevadas a cabo por el más hábil y elocuente parclanchín que la sociedad pueda emanar. Ésta parlanchinería conmueve a la sociedad argentina solamente cuando la tramposa dialéctica es vociferada haciendo alusión a la igualdad que merecen los pobres, los indios, los niños, los jóvenes, las madres solteras, los trabajadores, los ancianos, y demás grupos que la sociedad sepultó en la desigualdad. Entonces, ¿quiénes forman parte de esa sociedad de rasgos opresores?, evidentemente nos quedan pocos ejemplares para enumerar, pero en la rápida interpretación del pensamiento colectivizado, se haría una veloz referencia a grupos económicos o empresarios poderosos que no hacen otra cosa que pensar sólo en su bienestar y no en el de la sociedad. Si, así es, otra vez la palabra sociedad, pero ésta vez como víctima, no cómo victimario; y he aquí la falacia de la oportuna libre interpretación de las palabras usadas en slogans fomentados en colegios y universidades de adoctrinamiento bolchevique.
Sin embargo, la palabra que más conmueve, conmociona y, sobre todo, estupidiza al argentino, es la palabra ‘democracia’. En nombre de la misma, en la Argentina se han permitido los más grandes avasallamientos a la libertad individual. La creencia popular sostiene que acusar al déspota de turno por sus fechorías es desestabilizar al gobierno, lo que significa atentar contra la democracia, o sea, ser golpista. Ésta maraña ‘ideológica’ está totalmente desposeída de ideas, y sobrepoblada de mentiras. El pueblo argentino vive entusiasmado presuponiendo que el futuro nos depara lo mejor, pero mientras tanto llevamos la cruz de lo peor.
El problema no es nuevo, es tan viejo como nuestra historia. Hubieron algunos ‘desencajados’ del modelo de país que echó raíces, cómo San Martín o Alberdi, pero ni siquiera cuentan tanto, ya que ni los libros de historia los nombran, y en el caso que eso suceda, la información es casi siempre malintencionada. El olvido de éstos personajes, sobre todo de Alberdi, nos llevan a una conclusión, el olvido de la República y de la libertad individual, y es por esto mismo que reclamamos democracia y sociedad.
En ésta conciencia de grupo, reclamamos un líder que lleve de las narices al ‘team’, pero para que ésta mayoría apruebe a su mandamás, el mismo debe tener un discurso lleno de promesas políticamente correctas. A ninguno se le debe escapar que los ‘ricos’ deben pagar más impuestos que los ‘pobres’, que las universidades y colegios públicos van a seguir siendo gratuitos a costas de altos gravámenes, que la salud es una prioridad que les preocupa, que la culpa de todo la tienen los ‘yankees’, y que lo nuestro es siempre lo mejor, pero nadie puede apreciarlo (ese nadie es el mercado) porque somos víctimas del boicot. ¿Cuántos argentinos se oponen a todas éstas falacias?, muy pocos, y de éstos pocos, una gran parte presenta grandes rasgos de confusión.
Al describir éstos grupos, los podemos separar en partidos políticos, los cuales sólo se diferencian en sus nombres y escudos, nada más, ya que sus seguidores reclaman lo mismo a los unos y a los otros.
Nunca hubo diferencia entre Alfonsín, Menem, De la Rua o los Kirchner. Todos éstos personajes fueron adulados en un principio y defenestrados después por sus mismos seguidores y electores.
‘Con la democracia se cura, se come y se educa’ fue la frase que deslumbró por su alto contenido mágico, y por la interpretación que supuso que un burócrata iba a servirnos la mesa, nos iba a administrar medicina y nos iba a instruir.
La convertibilidad, o mejor conocida como ‘el 1 a 1′ (un peso un dolar), inculcó de soberbia a un pueblo que se creyó igualar a los ‘estúpidos’ del país del norte, cuando compraba celulares a precios que un americano no estaba dispuesto a pagar por una tecnología que ya había dejado de usar.
La parsimonia y la lentitud del suegro de Shakira hizo pensar que íbamos a volver a ser un país conservador, pero lo único que se logró conservar fue la agonía que derivó en un programado estallido.
Pero cómo somos Argentinos, y somos dueños de la ‘viveza criolla’, nada nos agarra desprevenidos, ya que siempre tenemos el as bajo la manga que nos va a rescatar y apadrinar en momentos de desazón…Duhalde!
Tal fue nuestra suerte, que nuestro superhéroe Eduardo Duhalde, hizo de trampolín al personaje que envuelto en la banda presidencial iba, por fin, a hacer justicia social. Ese hombre provinciano, descuidado en sus modos, desprolijo, desfachatado y de lenguaje ‘compinchesco’ hizo intuir al elector que ahora sí íbamos a volver a ser lo que fuimos (¿cuándo?), porque ahora nos gobernaba un hombre ‘del pueblo’.
Nuestro Che Guevara, nuestras madres de plaza de mayo, nuestros desaparecidos, nuestro odio al liberalismo, nuestro odio al ‘yankee’, ‘nuestras’ Malvinas y nuestro patriotismo de estadio de fútbol se vieron conjugados en una sola persona, Néstor Kirchner. Éste hombre fue el más claro y nítido reflejo del pensamiento y resentimiento argentino, pocos pudieron representar en una sola persona los ideales colectivos que sonaban cómo una sola voz que pedía a gritos un redentor.
Afortunadamente, para todos aquellos que votaron a Kirchner, y para los que ciegamente iban a votarlo en la segunda vuelta, su presidente no los defraudó, ya que fue y sigue siendo consecuente con sus políticas de izquierda. Además, no sólo es consecuente, sino que sabe manejar los malones de idiotas útiles que lo hacen estar cada vez más enraizado en Olivos, en la Rosada, y en el Congreso. Mientras él maneja los títeres, madamme botox distrae al proletariado con sus discursos desatinados.
Al ser tan eficientes a la causa de la revolución, ya no sienten la necesidad de tener buenas relaciones con sus ‘opositores’, y ni siquiera con la iglesia, y es entonces que éstos intentan emerger como contrapeso del estado opresor, ya que tienen miedo de quedarse fuera del reparto de la mercancía. En éste intento de no quedar borrados de las nóminas de cobra-sueldos estatales, se muestran preocupados por la pobreza del Chaco o por la destructiva ley de medios. Los planteos son válidos, pero la desnutrición y la falta de recursos de la provincia norteña no son novedad, y la solución que ésta oposición propone es la misma que provocó la pobreza. Lo mismo sucedió con la ley de radiodifusión, los opositores a la misma jamás intentaron hacer respetar el artículo 32 de la CN, sino que alentaban a una ley más ‘justa’; ¿justa para quién? . Esto nos demuestra que los partidos políticos en Argentina están unificados ante la ideología del socialismo y el estatismo, dejando de lado la idea de una oposición real, jugando así un papel que fortalece a aquél que se perfila como dictador.
Éste punto de intersección de ideas, dieron lugar a la falta de verdadera oposición. En los últimos meses el gran dilema argentino recae sobre la falta de políticos que sean contrarios a lo que tenemos en el ejecutivo. Pero, ¿que se necesita para ser opositor?, la respuesta es, tener ideas contrarias. Es aquí dónde subyace el mayor problema de nuestro país, ya que lo opuesto, debería proponer el libre mercado, la eliminación de impuestos absurdos, la eliminación de las leyes laborales, la reforma constitucional que traería consigo la eliminación del 14 bis y de la supremacía de tratados internacionales de DDHH, la privatización del sistema educativo y sanitario, entre otras cosas. Quién se atreva a pararse en la vereda de la verdadera oposición va a ser rápidamente eliminado, pero no por el co-presidente Néstor K, sino por el mismo pueblo que no concibe la libertad como opción.
Los errores en Argentina no son corregidos, sino omitidos. Nadie sospecha que la inseguridad, la pobreza y la mediocridad en la que hemos caído son resultado de todos los errores que hemos venido cometiendo. Nada es nuevo, pero todo parece empeorar. No hay esfuerzo que valga, ni aumento salarial que pueda paliar el precio del kilo de pan. La indisciplina y la falta de respeto son orgullo nacional. Todo lo que aprendimos que estaba bien, nos dio malos resultados, pero no estamos dispuestos a reflexionar y cambiar, simplemente nos sentamos a contemplar, ya que seguramente, el señor Duhalde nos va a salvar.-
La Argentina frente al éxito de Brasil
por Rosendo Fraga
La crisis económica se globalizó y sus efectos llegaron a todo el mundo, pero las grandes potencias emergentes denominadas BRIC (Brasil, Rusia, India y China) con sistemas políticos diferentes entre ellas, mostraron mayor capacidad de lidiar con las consecuencias de la crisis que los gobiernos de los países desarrollados.
Este es el contexto en el cual se desarrolla Brasil, la economía más grande, el territorio más extenso y la población más importante de América Latina. Comenzó a recuperarse ya en el segundo trimestre del año y la creación de empleo empezó desde entonces, anticipándose -al igual que China- a la recuperación mundial.
Ha demostrado, al igual que el gigante asiático, una gran capacidad para manejar los efectos de la crisis global, tanto en lo político como en lo económico.
Pese a que en el primer trimestre de 2009 la industria cayó 15% y el desempleo inevitablemente aumentó, Lula mantiene un nivel de aprobación que, de acuerdo a los diversos sondeos, está llegando al 80%. No sólo es el más alto en la historia del Brasil y el presidente latinoamericano con mayor aprobación en su país, sino que es quien tiene el mayor consenso del mundo occidental.
Brasil se consolida así como el único actor global de América Latina. Lula ha dicho que su país ya es la séptima economía del mundo; obtiene más peso en el FMI y le presta 10.000 millones de dólares; logra los juegos olímpicos de 2016 para su país y el Mundial de Fútbol para el 2014; y en su gira europea reclama apoyo para obtener una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la UN.
La Cumbre del G20 realizada en Pittsburgh, la de UNASUR-Unión Africana que tuvo lugar en la isla Margarita y la de UE-América Latina han sido escenarios en los cuales ha ejercido este rol.
Al mismo tiempo la economía el país se recupera rápidamente y el gobierno comienza a disminuir el estímulo, aun antes que lo hagan EEUU y la UE. Como datos negativos, un informe que acaba de difundirse da cuenta que el 13% de los brasileños reconoce haber vendido su voto por alguna contraprestación, mostrando un problema de calidad democrática; al igual que el resto de la región, está afectado por una fuerte desigualdad e inseguridad y el avance de la droga constituye una gran cuestión en los grandes centros urbanos.
2. Brasil, potencia energética.
Brasil no sólo se ha transformado en un actor global, como lo evidencia su rol como integrante del llamado grupo BRIC, sino que ahora agrega la posibilidad de transformarse también en potencia energética.
El reciente hallazgo de recursos petroleros en Brasil consolida la posición de este país, tanto como líder en América del Sur -y proyectándose también a América Central y el Caribe- como en su condición de ser el único país de la región con vocación de actor global.
Su objetivo estratégico es claro: ser una de las cuatro potencias emergentes del siglo XXI junto con China, India y Rusia, las cuatro potencias del grupo BRIC.
Las dos potencias asiáticas son importadoras de petróleo y la tercera es exportadora. Con el hallazgo reciente, Brasil se proyecta también como un país con excedente, en un mundo en el cual probablemente la energía seguirá incrementando su valor.
Hasta comienzos del siglo XXI era un neto importador de petróleo, lo cual significaba una vulnerabilidad.
Ello representaba una desventaja frente a Venezuela, el mayor exportador de América del Sur, y respecto a la Argentina, que en el pasado reciente se autoabastecía y tenía márgenes para la exportación y ahora se convirtió en importador.
Es una manifestación más de la supremacía que ha adquirido Brasil sobre la Argentina y una evidencia de un país que tiene estrategia de largo plazo y otro que carece de ella, absorbido por las urgencias del corto plazo.
3. El rearme brasileño.
El plan de rearme anunciado por el gobierno de Lula en 2009 es una evidencia más de la vocación de ser actor global, al buscar aumentar su capacidad en el campo estratégico-militar.
Los doce países de América del Sur han integrado UNASUR. Pero uno solo de ellos, Brasil, es la mitad de la región en términos de PBI, población y territorio.
Se trata de una asimetría similar a la que se puede registrar entre Rusia y las ex republicas soviéticas. O como si en Europa y sus veintisiete países, los tres más grandes (Alemania, Francia y el Reino Unido) fueran un solo.
Pero más allá de la dimensión, es el único país de América del Sur que tiene vocación de actor global, como se dijo.
Analizando América Latina -no sólo la del sur-, México es el otro país que por su dimensión podría pretender un rol de este tipo, pero por razones históricas y geográficas no tiene esta vocación.
Brasil se piensa así mismo como una potencia mundial, al estilo de China, Rusia e India.
Comparándolo con ellos, surge que la mayor desventaja relativa la tiene en el campo estratégico-militar, ya que las otras tres potencias tienen el arma nuclear y planes ambiciosos de reequipamiento y modernización de sus Fuerzas Armadas; Brasil está rezagado respecto a ellos en este rubro.
Es por esta razón que el rearme brasileño tiene como primer objetivo reforzar la condición del país como actor global.
En la región, Brasil, más que como líder, está actuando como un factor de moderación, como se puso en evidencia en la reciente Cumbre de Unasur en Bariloche, donde el logro fue lo que se pudo evitar, ya que la condena al acuerdo Bogotá-Washington para el uso de bases hubiera significado la crisis de UNASUR y su Consejo de Defensa.
Frente a la supuesta escalada en la compra de armamentos en los países de la región andina y en particular las adquisiciones de Venezuela en Rusia -Chávez ha realizado una gira por Libia, Argelia, Irán, Siria, Rusia y Bielorusia-, la tensión de dicho país y la que tuvo Ecuador con Colombia y la crítica al acuerdo para el uso de siete bases militares de este país por parte de EEUU, Brasil da una señal al aumentar su capacidad militar y reforzar así su rol de país moderador en la región.
Además, por razones de equilibrio regional, no puede permitir que Venezuela o Colombia superen su capacidad militar, ni tampoco que estalle un conflicto entre ambos.
Pero también las adquisiciones de armas en Francia, anunciadas por el gobierno brasileño, apuntan a adquirir los medios para hacer efectiva la soberanía nacional en su amplio territorio, y en particular en la región de la Amazonía, que es la de menor presencia estatal y que además linda con los países hoy más conflictivitos en América del Sur, donde la actividad de organizaciones ambientalistas es percibida como una limitación a la autonomía del estado brasileño.
El plan de rearme en el largo plazo incluye la puesta en servicio de tres submarinos a propulsión nuclear, los que tendrán por misión dar seguridad a todo el Atlántico Sur.
En una conferencia que dio el ministro de Defensa de Brasil en Buenos Aires, sostuvo que la cooperación para evitar que la Argentina pierda sus derechos en la Antártida, debería ser un punto importante en la relación bilateral.
Así, el rearme brasileño responde en primer lugar al objetivo de ser potencia global, en segundo término a tener la capacidad de ejercer un rol moderador en la región y por último a mantener la capacidad de hacer efectiva la presencia estatal en las regiones menos pobladas del país.
4. Visión argentina del éxito brasileño.
Históricamente, en la Argentina siempre han existido dos tendencias respecto a Brasil. Una tendencia buscó la conciliación y evitó el conflicto, como fueron los casos de los presidentes Roca, Justo, Perón, Frondizi, Alfonsín y Menem. Otra, más nacionalista, vio a Brasil primero como el adversario o competidor regional y, más tarde, cuando Argentina perdió posiciones relativas, como una amenaza. Como en otros temas, la opinión argentina no ha sido homogénea en esta cuestión.
El problema es que, un siglo atrás, la economía de Argentina era dos veces la de Brasil, y en cambio hoy el PBI brasileño es cuatro veces el argentino. La cuestión es que todavía sectores de la dirigencia argentina ven a Brasil como si fuéramos el país del pasado que podía competir con él y no el del presente, que ha pasado a ser un país mediano y no grande. Este es el tipo de percepción que subyace en la diferencia respecto a la pretensión brasileña de lograr un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la UN.
Pero tampoco pueden compararse las relaciones de EEUU con México y Canadá, con la de Brasil y Argentina. El primero es nueve veces México y seis veces Canadá en términos de PBI. En cambio la Argentina, pese a su caída relativa, es el segundo PBI de América del Sur y el que sigue a Brasil. Más bien podría compararse la relación que Italia o España pueden tener con Alemania.
En lo que hace a la compra de empresas argentinas por capitales brasileños, hasta el momento esta inversión no ha generado reacciones negativas. Hacia el futuro es difícil pronosticar qué sucederá. El nacionalismo argentino es intermitente y cíclico, y no permanente. No puede descartarse en el futuro algún tipo de reacción de sectores nacionalistas.
Concretamente, hoy en día hay sectores del Gobierno que plantean la necesidad de un eje Buenos Aires-Caracas para contener la influencia y el poder de Brasil y algo de eso sucede hoy en la política exterior argentina, que parece buscar un equilibrio oscilante entre Brasilia y Caracas.
Respecto a la competencia por el liderazgo regional entre Argentina y Brasil, históricamente, el segundo apoyó a Uruguay en conflictos con la Argentina, como sucedió hace un siglo con los problemas del Río de la Plata. En los años treinta, durante la guerra del Chaco, Argentina jugó un papel más relevante y el canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, obtuvo el Premio Nobel de la paz por la solución de este conflicto. En Paraguay, históricamente ha existido cierta pugna, hábilmente aprovechada por los paraguayos para obtener ventajas a dos puntas. Sobre Bolivia, los gobiernos militares argentinos influyeron mucho en los golpes de 1971 y 1980, pero en cambio la influencia económica brasileña fue más importante. En algún momento se planteó un juego de alianzas de Argentina con Perú y Bolivia, frente a Chile con Brasil y Ecuador, con Paraguay en postura oscilante. Estos eran juegos de guerra de los estados mayores, tomados de los sistemas de alianzas europeos.
Hoy, para la izquierda argentina, Chávez es la barrera contra EEUU y no Brasil, al cual ven con buenas relaciones con Washington y alianzas concretas en temas como los biocombustibles. Predomina más bien la idea de que Lula asume un rol de contención sobre Chávez y Morales, de acuerdo a la estrategia de Washington y no en su contra.
En mi opinión, Argentina debe estar más cerca de Brasilia que de Caracas y retomar la idea central de triángulo ABC (Argentina, Brasil y Chile) como eje de la política regional.
Venezuela, para la Argentina en el pasado reciente, ha tenido importancia por el precio de petróleo, en la colocación de bonos y en la importación de gasoil, pero Brasil y Chile son las alianzas naturales en el largo plazo, como lo determina tanto la historia como la geografía.