El gobierno quema recursos

Agosto 31, 2008 at 12:00 pm (argentina, gobierno, politica) (, , , )

El Gobierno quema recursos no renovables de
consenso. Con la era K habrá terminado también una etapa del progresismo.

Esta semana, Estela de Carlotto le dijo a Crítica  de la Argentina que quienes apuntalan con gestos
y métodos violentos a Guillermo Moreno “no dañaron a nadie”. La presidenta de Abuelas de
Plaza de Mayo relativizó la gravedad de la evidencia fotográfica que muestra a algunos
morenistas dispersando cacerolistas palo en mano. También justificó con sentido común callejero
-ideario políticamente incorrecto habitualmente refractario a la prédica de los derechos humanos-
la lógica del secretario de Moreno de rodearse de kickboxers y punteros pendencieros: “Habrá ido
con una patota para protegerse”, explicó la candidata argentina al Nobel de la Paz. ¿Qué pasó?

El episodio Carlotto permite calcular algunos costos que la sociedad civil está pagando a causa
del modo de acumulación de legitimidad elegido por los Kirchner desde que llegaron al poder, en
2003. Esos costos se empiezan a blanquear ahora, cuando el oficialismo necesita más que nunca
sumar imagen positiva y ante la necesidad diaria de confirmar su autoridad, el Gobierno -como
haría cualquier otro- quema recursos no renovables de consenso institucional.

Una de las estrategias claras de la gestión K fue, desde el comienzo, encarnar ante la opinión
pública la “nueva política”, esa idea bien pensada inventada por los políticos de
siempre para aprovecharse del facilismo colectivo que acuñó el “que se vayan todos”. Para reforzar
la novedad de su política, el kirchnerismo echó mano de casi todos los “tips” de la ciencia
política progre: mostró caras jóvenes, puso varias mujeres en cargos de máxima
responsabilidad, se rodeó de organizaciones de derechos humanos, incorporó citas de pensadores
posmodernos en el discurso presidencial y se sacó fotos con intelectuales posmarxistas locales,
sumó a un radical al Ejecutivo para hacer creíble su esquema “transversal” y le dio la bienvenida
al movimiento piquetero, al punto de convertir en funcionarios a los líderes que se mostraron dóciles.

A simple vista, estas medidas invitan a una valoración positiva, donde todos ganan: el
Gobierno suma rating, los protagonistas de la renovación institucional obtienen poder y
reconocimiento público y la sociedad disfruta de una clase política más fresca y plural. Todo muy
lindo. Pero… siempre hay un pero.

Si observamos rápidamente los casos concretos de incorporación al esquema de poder de integrantes
de las minorías postergadas de la política tradicional, descubrimos una lista de inclusiones
fallidas, y hasta fracasadas, desde el punto de vista del multiculturalismo institucional:

  • Martín Lousteau y Felisa Miceli nunca lograron la autonomía mínima para imponer su propia agenda más allá de la opinión de Kirchner.
  • La propia Cristina está entrampada en la dinámica del “doble comando”.
  • Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto se ven empujadas, les guste o no, a justificar cada vez

más los modos de ejercer el poder que antes, cuando no eran del establishment, no hubieran aprobado.

  • El mismo aggiornamiento ideológico encorsetó a periodistas e intelectuales de la mesa K que en

los 80 y 90 sedujeron a un público lector que los convirtió en íconos de un país alternativo y
rebelde. Muchos de ellos llegaron a abjurar de manera vergonzante de sus militancias de otros

tiempos por la libertad de expresión, la lucha contra la corrupción administrativa y la democratización de los espacios políticos.

  • El vicepresidente de la Nación se ve obligado a explicar día tras día que sus gestos de

independencia no lo convierten en “traidor” ni “Judas”.

  • Los piqueteros como Luis D’Elía quedaron caricaturizados como patoteros de emergencia para

llenar la Plaza de Mayo a pedido de Néstor o  dispersarla a manotazos cuando se llena de opositores furiosos.

Todo este activo social -los liderazgos alternativos- corre peligro de irse al tacho del
desprestigio y el hartazgo colectivo. Tal vez, al Gobierno le sirvió hasta ahora para legitimarse y
hasta quizá le alcance para sostenerse hasta el final del mandato de Cristina, gracias a un
efecto muy K de victimización (Néstor se autodenomina un pobre pingüino, la Presidenta
empezó discursos aclarando que a ella le costaba más gobernar por ser mujer, a D’Elía le encanta
ganar discusiones etiquetándose como “negrito”, muchos funcionarios se armaron un currículum
vitae de “luchador perseguido por la dictadura” y ya es un clásico kirchnerista la manía de
sentirse boicoteados por los medios de comunicación). Pero lo que puede resultar eficaz
para un gobierno puede no serlo para el resto del país.

Si esos sectores postergados o minoritarios o discriminados no logran despegarse de la sospecha
de que Kirchner los llamó no para darles poder sino, precisamente, para aprovechar su carencia
histórica de poder con la intención de manipularlos mejor y, de paso, capitalizar su
conveniente imagen pública, entonces cuando termine la era K habrá terminado también una
etapa del progresismo argentino, tanto de sus ideas como de sus rostros emblemáticos. Algo así
como una versión izquierdista de lo que la década menemista hizo con el vocabulario liberal y con
sus íconos criollos, amontonados entorno a la Ucedé.

Lo pasado, pisado.

Como los líderes no suelen preocuparse por los cadáveres amigos que dejan atrás en su larga
marcha hacia la gloria, la pelota queda picando del lado de la sociedad civil, que se ve obligada
a probarse si está -o no- dispuesta a defender su patrimonio político y cultural en riesgo de extinción.

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Proctólogos y Presidentes‏

Agosto 29, 2008 at 6:58 pm (gobierno, manifesto, politica) ()

Proctólogos y Presidentes
Por: Alejandro Borensztein
ARQUITECTO Y PRODUCTOR DE TV

Hace pocos días, cumplí 50 años. Todos me dicen ‘parecés de 40′, ‘¡¡no se te
nota!’!…
‘estás hecho un pibe!!’. Pura cháchara. Manga de fallutos, cuando era un pibe, nadie me decía ‘estás hecho un pibe’. Cuando te dicen que estás hecho un pibe, ya estás frito.

Frente al ocaso final, el único honesto fue mi médico. Para mi cumple, me regaló una orden para hacerme endoscopía, colonoscopía, ecostress, placa de tórax, tomografía completa y el broche final: ‘te me vás de paseo a lo del proctólogo’. La verdad, creo que prefiero la muerte.

A propósito, estuve meditando sobre este asuntito del proctólogo y comprendí que lo complicado no es la cuestión técnica en sí, sino la humillación. El problema no son sus dedos, sino sus ojos. El tipo te mira, sabe quien sos y lo que va a hacerte. Por eso se me ocurrió que, así como el doctor usa guantes descartables, los pacientes deberíamos llegar al
consultorio con capucha. Yo se que es un poco raro subir al ascensor
encapuchado. Pero lo otro es mucho peor. Imagínense si un par de días después, te encontrás al médico en un restaurante almorzando con su familia. El tipo te mira y te dice: ‘¿como le va?’ mientras sus hijos y esposa cuchichean conteniendo la risa. La capucha, indudablemente, es la
única manera de evitar la humillación. Mientras no te ven la cara, no hay daño. Bah, más o menos.

Volviendo al asunto principal, llegué a los 50 y, frente a la inminencia del
adiós, nada mejor que un buen balance.

Sobre mi mundo más cercano, sólo tengo palabras de agradecimiento. Amigos, amores, familia, padres, hermanos e hijos, han honrado con lealtad y patriotismo el cargo que la vida les ha asignado. En general, todos fuimos y somos buena gente, aunque yo confieso que cuando tenía 12 años le pegué con un palo a un gatito que había en una quinta y casi lo
mato. Esta es la verdad sobre los seres que influyeron en mi vida, desde cerca.

Ahora pasemos a los que influyeron en mi vida desde un poco más lejos. Por ejemplo, los Presidentes de mi país. Veámoslo de adelante para atrás, que es más ameno.

De la actual Presidenta no diré mucho porque estárecién salidita del horno, en el más amplio
sentido de la frase. Arrancó con un despegue turbulento, pero despegue al fin.
Es la jefa y no se le conoce prontuario. Con ella no me meto: seré canchero, pero no estúpido.

Antes que ella, su esposo Néstor, quien ya no está en ejercicio, pero nadie se anima a decírselo. Reconoce haber estado preso. Aunque es más probable que lo hayan encanado por correr a Cristina por las diagonales de La Plata, caliente como un búfalo, que por cualquier acto de resistencia peronista. Dos días preso, pero preso al fin.

Antes que él, el doctor Duhalde. No se si estuvo preso, pero lo han acusado de todo lo e
 les pueda ocurrir. Si alguna pena debía purgar, alcanza y sobra con 40 años
al lado de
Chiche.

Antes que él, el inolvidable Adolfo Rodríguez Saá, quien en sólo 7 días de
gobierno, se
inmortalizó como el primer Presidente de la historia occidental que fuera
sodomizado por
televisión.

Antes que él estuvo Ramón Puerta, quien al ser nombrado en el cargo, fue
presentado como misionero millonario y playboy (lindo currículum pa’ Presidente).

Antes que él, Fernando de la Rúa. Un tipo cuya cara expresaba fielmente su
inteligencia.
Rodeado por una bandita de inolvidables muchachos cuyo único mérito era saber
comer con
palitos. Entre todos juntos, en dos añitos, estrellaron la República y, como si
fuera poco,
mandaron a la UCR al fondo del mar con sus 100 años de historia. Cuando me
acuerdo de
estos ñatos, quiero tirarme a llorar en los brazos de Chiche Duhalde y pedirle
perdón. De la
Rúa fue procesado e impedido de salir del país.

Antes que él, Carlos Menem. Dos veces procesado y dos veces detenido. Una, antes
de ser
Presidente y otra después de serlo. No me queda claro si fueron una por cada
presidencia o
lo encanaron primero a cuenta de lo que iba a hacer después.

Antes que él, Don Raúl Alfonsín quien, hasta donde yo se, es el único que no fue
en gayola.
Yo hubiera preferido que luego de su presidencia, se dedicara a construir la
prestigiosa
institución del ex presidente (Cardozo, Sanguinetti, Felipe). Pero no pudo parar
y eligió ser
un sopapeado más. Igual, sospecho que la historia le tiene reservado un lugar de
privilegio
que muchos de sus contemporáneos se niegan a reconocerle.

Ahora metámonos en el barro. En serio y sin joda. Antes que Don Raúl, el general
Bignone,
procesado y detenido por la muerte de jóvenes en el Colegio Militar cuando era
el capo del
instituto. Casi nada.

Antes que él, el general Galtieri, procesado y detenido porque asumió y a los 5
meses le
declaró la guerra a Inglaterra y a Estados Unidos juntos. Esto parece un chiste,
pero no lo
es.

Antes que él, el general Viola, procesado y detenido por violaciones a los
derechos
humanos, secuestros y asesinatos.

Antes que él, el general Videla, procesado y detenido por lo mismo que Viola,
pero encima
vuelto a detener y procesar por robo de niños. Me da vergüenza de solo
escribirlo.

Cuando me acuerdo de todo esto, amo profundamente a todos nuestros dirigentes
actuales.

¿Quieren que siga? Sigo. Salgamos del barro.

Antes que el horror, la señora de Perón. Se llamaba María Estela Martínez , pero
le decían
Isabelita (cosas raras que tienen los peronistas), procesada y detenida por ser
presidenta
constitucional elegida con el 62% de los votos, y también por algunos temitas de
fraude y
corrupción. Cada tanto, también la citan por su vinculación con un organismo
llamado AAA,
que no creo que sea la Asociación Argentina de Actores.

Antes que ella, el gran jefe, Juan Domingo Perón, detenido en el 45, luego
derrocado,
exiliado, prohibido, vapuleado, combatido, proscripto, excomulgado y degradado.
Así y todo,
fue Presidente 3 veces. Tomá pa’ vos.

Antes que él, Lastiri, detenido y procesado por varias cosas pero básicamente
por ser el
yerno de Lopez Rega, quien también fue procesado y detenido aunque no llegó a
ser
Presidente (de éste nos salvamos de milagro).

Antes que él, Cámpora, fue procesado y cuando lo fueron a encanar, se asiló en
la
Embajada de México y se que quedó ahí adentro mil años hasta que lo dejaron
partir porque
sino el embajador mexicano se suicidaba con toda su familia.

Antes que él, el general Lanusse, quien como Menem, fue preso dos veces. Una en
los 50,
mucho antes de ser Presidente, y otra después de serlo, cuando lo encana Videla
en el 77.
La segunda vez lo procesaron y detuvieron por su relación con el caso Aluar que,
para quien
no lo recuerda, fue un causa llevada adelante por razones de absoluto
antisemitismo, por lo
que Lanusse fue el primer Presidente y General de la Nación detenido por judío.

Con Lanusse llegamos a 1971. O sea que pasaron 37 años con 17 Presidentes más
algún
que otro interino (por ejemplo Italo Luder, a quien también tuvieron que
llevarle puchos al
calabozo).

¿Cuantos países de este mundo se han dado el lujo de meter presos a casi todos
los
presidentes que tuvieron? ¿O tal vez haya que invertir la cuestión y preguntarse
cuantos
países elevan a la presidencia a figuras cuyo destino final es el enjuiciamiento
y la prisión?
Ninguno. No me extraña. Tampoco creo que haya ningún país que designa
cancilleres a
tipos que no hablan inglés (salvo el actual que no se como se nos escapó).

En 1971 yo tenía 12 años y a veces pienso que todo lo que vino después, fue un castigo por  haber querido matar aquel gato. Si romper un espejo trae 7 años de desgracia, atentar contra un felino son mínimo 3 décadas. Doy fe.

Cuando pienso en todo lo que vivió mi generación, ¿qué temor puedo tenerle al proctólogo?

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