Rechazados en la UE

Julio 18, 2008 at 11:17 pm (argentina, gobierno, manifesto, politica) (, , , , )

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Cada vez con mayor frecuencia, viajeros procedentes de América latina son rechazados en aeropuertos europeos. Es llamativo que esta tendencia se haya incrementado con argentinos que viajan a Madrid y Barcelona. Varios han denunciado maltratos a su arribo a ambas terminales. Esa traumática circunstancia no deja de causar extrañeza tanto por los vínculos familiares y culturales de un lado del Atlántico y del otro como por la relación razonable entre ambos gobiernos.

No es frecuente entre los argentinos que arriban a España que sean obligados a cumplir con todos los requisitos que fija la ley. Es natural que les sea exigido el pasaporte válido con una vigencia no menor de seis meses, el boleto de ida y vuelta con una fecha de retorno que no exceda los tres meses, un seguro médico y hasta una demostración del dinero o las tarjetas de crédito con los cuales cuentan. Más difícil es que les sea requerida la carta de invitación de un residente en ese país, con sello y firma de la policía española, si no acreditan una reserva de hotel.

Ese detalle, sin embargo, ha sido últimamente motivo de rechazo. En 2007, 20.000 argentinos ingresaron sin problema en España; 600 debieron retornar sin salir del aeropuerto, según cifras no oficiales. Cada país tiene el derecho de regular su flujo migratorio y de establecer políticas con las cuales pueda equiparar la oferta y la demanda laborales. De eso se trata, en principio, el riesgo que entraña el ingreso masivo de extranjeros que, si no tienen los papeles en regla, pueden fingir que viajan por placer o por negocios.

Entre la Argentina y España, sin embargo, no deberían existir arbitrariedades de ese tipo, más allá de que España sea la puerta de entrada en la Unión Europea (UE). El problema radica en que España y sus vecinos están atravesando un momento económico delicado y, por ello, muchos de los inmigrantes que han arribado en los últimos años, volcados al sector de la construcción, están en vías de inscribirse en el seguro de desempleo. Eso representará una enorme erogación para las arcas estatales.

En España, como en toda Europa, los “mileuristas”, gente que gana 1000 euros y que apenas puede pagar los gastos básicos con ellos, se ven, a veces, desplazados por los inmigrantes en los puestos de trabajo. Las parejas jóvenes suelen invertir ese importe en la hipoteca de viviendas sobrevaloradas -esto, como consecuencia del boom inmobiliario de los últimos años- y un importe similar en los gastos mensuales.

La crisis económica, acelerada por el alto costo de los combustibles como consecuencia del aumento del petróleo, coincide, a su vez, con los mayores reparos de los europeos a admitir nuevas camadas de inmigrantes. Reflejo de ello es el Pacto de Inmigración y Asilo que el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, en su carácter de presidente de la UE, procura que sea aprobado antes de fin de año, tras incorporar correcciones efectuadas por los gobiernos de España y Alemania.

Las persecuciones de gitanos en Italia y las usuales redadas de indocumentados africanos en otros países, así como el rechazo a todo aquel que no sea nativo, han ido en aumento en los últimos tiempos en toda Europa. El Mercosur, reunido recientemente en San Miguel de Tucumán, ha objetado la llamada directiva de retorno de la UE, que acelera el regreso a sus países de los inmigrantes que quedan fuera del mercado laboral. Entre las nuevas exigencias de la UE figura el conocimiento de la lengua del país en el que el inmigrante pretende trabajar y, en casos particulares, como Alemania, la aprobación de un examen de “valores fundamentales” que ni los mismos nativos se sienten en condiciones de pasar.

El pacto que impulsa Sarkozy se refiere a normas elitistas y de dudoso buen gusto, como “la inmigración escogida”. Su nombre afea aún más la imagen de la UE, duramente cuestionada por su directiva de retorno. Ese aspecto, si bien puede ser considerado de consumo interno, parece ignorar los tiempos en que los países entonces prósperos, como la Argentina, acogían sin discriminación alguna a los europeos que, agobiados por las hambrunas, buscaban una vida mejor. Es absurdo que, en el apogeo de la globalización, los bienes y los capitales tengan más derechos que las personas para trasponer fronteras y llegar a destino. Es absurdo, pero, lamentablemente, es así. Sería bueno invertir la balanza y evitar la amnesia.

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